de Fofito al rubio de Cruz y Raya

Humoristas malditos: de Fofito al rubio de Cruz y Raya

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Luis Landeira

“Payaso, soy un triste payaso que oculto mi fracaso con risas y alegría que me llenan de espanto”. Esta frase terrible, estribillo de una vieja canción popularizada por artistones como Bambino y Falete, describe muy bien las tribulaciones del humorista maldito: pletórico por fuera y roto por dentro.

El espectador suele envidiar al caricato maldito, pensando que es un feliciano que se pasa el día “ji ji ja ja” y que no tiene un bajón ni aunque se le muera el canario. Nada más lejos de la realidad. Ciclotímicos incurables, estos humoristas suelen sufrir depresiones maníacas, humores de perros y adicciones a tutiplén.

La carrera del cómico maldito se caracteriza por una temporadita de éxito, seguida por una caída libre hacia los abismos del fracaso. Y escupir chascarrillos mientras te recorre las entrañas una procesión de mal rollo tiene su mérito. Por eso, vamos a rendir tributo al humor terminal de un puñao de cómicos arruinados. Como diría Tip, “no sé si cortarme las venas o dejármelas largas”.

Fofito

Oveja negra de la familia Aragón, este bufón de raza vivió sus días de vino y rosas en los años setenta, gracias al éxito del programa Los payasos de la tele, perpetrado junto a sus parientes Miliki, Milikito y Gaby. Pero en 1981 Fofito empezó a empinar el codo y acabó en una clínica de desintoxicación. Ahí se torció la cosa, pues el mono de alcohol volvió a Fofito más gamberro, hasta salirse por completo de madre en 1994 cuando hizo tándem con su hermano Rody en el programa Tras 3 Tris, y una de sus canciones fue denunciada por “inducir a la agresividad infantil y al suicidio”. Lo volvió a intentar con Los Trilocos, pero la cosa se gafó con la muerte de Mané. En el siglo XXI, la tele le dio la espalda, según él por un boicot de su tío Miliki y su primo Milikito (Emilio Aragón), así que tuvo que volver al circo de carromato. Su última peripecia fue el musical Los payasos de la tele, que se zanjó con una escandalosa trifulca entre Rody y Fofito que acabó en urgencias.

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Jordi LP

En el colegio se reían de Jordi por tartamudo, pero él supo convertir su defecto en guasa, y eso sacó el histrión que llevaba dentro. Ya adulto siguió con la comedia, amenizando discotecas de mala muerte para un público quinqui entre el que brillaban forajidos como El Vaquilla o El Torete. Su techo de popularidad lo tocó en Telecinco, gracias al programa La batalla de las estrellas (1994) de Bertín Osborne. Pero en el nuevo milenio su caché pegó un bajón y tuvo que refugiarse en cadenas locales, verbenas y cenas de empresa, donde no le ha ido del todo bien: hace unos meses saltó a los diarios su sonora metedura de pata en una gala deportiva, donde Jordi escupió una retahíla de chistes verdes en los que la mujer y el colectivo gay salieron muy mal parados. Desde entonces, no hemos vuelto a saber de él.

Manolo Sarriá (El Linterna)

“Veintidó ventidó ventidó”; “¿Cómo estaba la plasa? ¡Abarrotaaaaa!”. Disfrazados de toreros, El Dúo Sacapuntas fue el tándem más jaleado del programa Un Dos Tres. Pero la prematura muerte del enano ‘El Pulga’, que era el que tenía la grasia, hizo que el alto, ‘El Linterna’, se quedara compuesto y sin percha de los golpes. Y, con el cadáver el Pulga aún caliente, tuvo la desafortunada ocurrencia de usar a sus hijos, también enanos, para un nuevo show. Reapareció en el Un Dos Tres travestido como ‘La viuda de Paco’, propinándoles insultos y guantazos a los dos enanos, también travestidos. El grotesco show acabó denunciado por trato vejatorio a personas con acondroplasia, y Manolo tuvo que cambiar a los enanos por su cuñada. Como la cosa no funcionó, pidió asilo en Canal Sur, donde suelta sus cuchufletas disfrazado de cura o de paleto.

Manolo de Vega

“Fosforito de Valladolid”. Así se conocía a Manolo de Vega en los años 60, durante su etapa de cantaor. Pero cuando descubrió que sus quejíos daban más risa que pena, se arrancó a contar chistes. En los noventa vio el cielo abierto al ser fichado por el concurso No te rías, que es peor, y luego por la gala Esto es espectáculo, de Bárbara Rey. Después, el humor de Manolo caducó y dejaron de llamarlo. Al parecer, sus saetas bufas y sus chistes de gangosos, gitanos y mariquitas ya no hacían de reír ni al Barragán. En 2015 nos enteramos de que el pobre hombre padecía insuficiencia renal, diabetes y había perdido las piernas. Además, estaba arruinado, al borde del desahucio y con diez hijos a cuestas. No tardó mucho en morir.

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Simón Cabido (Doña Croqueta)

Simón Cabido creó a Doña Croqueta en los carnavales de 1957, cuando tuvo la genial idea de disfrazarse de turista inglesa. Después, se hizo actor serio, curtiéndose en el teatro y en la tele. Pero su carrera no se encarriló hasta que, a principios de los ochenta, le dio por recuperar a Doña Croqueta y hacer tándem con Juanito Navarro, que encarnaba al paleto Don Ciruelo. El éxito fue apoteósico pero Cabido acabó aborreciendo a su personaje y a su socio. Deprimido, se tomó un descanso y Navarro lo sustituyó a traición por la actriz María Isbert. Cabido, no obstante, se vio obligado retomar su personaje para comer, haciendo bulto en varias españoladas de Ozores. Pero en 1992 La Parca se lo llevó. Y con él, a su odiada Doña Croqueta.

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Félix El Gato

Tras galas mil en tascas y discotecas, Felix el Gato saltó a la tele, contando chistes malos en programas tan llorados como Entre Amigos de José Luis Moreno o Las noches de tal y tal de Jesús Gil. Por desgracia, con la llegada de youtubers y monologuistas, Félix se quedó a dos velas. Él lo justifica diciendo que “hoy a la gente le gusta más los cotilleos sobre la Pantoja que los chistes”.  Pero es que ¿a quién demonios le hace gracia una chuscada sobre la mili en pleno siglo XXI? ¿A usted? Pues para ver a Félix tendrá que peregrinar a tugurios como el Restaurante Ópera Vivaldi de Valdemoro o el Café Olé de Puertollano.

Juan Muñoz (El rubio de Cruz y Raya)

Después de veinte años de éxito, parecía que el dúo cómico Cruz y Raya iba a ser eterno. Pero no hay mal que cien años dure y, en 2007, se separaron. Mientras el moreno José Mota iniciaba una fértil carrera como actor, el rubio Juan Muñoz inició un declive sin freno ni marcha atrás. Lo intentó en el cine con ¡Ja me maaten…! (hora y media escasa de chistes de gitanos), y su secuela Ekipo Ja (versión calorra del Equipo A) ambas dirigidas y protagonizadas por él mismo, junto a otros mostros de la comedia como Pepe Carabias, Arévalo y Los Chungitos. Pero Muñoz se gastó en juergas la calderilla que ganó con las películas, y tuvo que embarcarse en largas giras por karaokes y gastropubs, donde exhibe sus kilos de más y su incorrecto gracejo. Cuando le preguntan por su decadencia, dice que dejó la tele por aburrimiento y no oculta sus vicios: “¿Qué si alguna vez me he fumado un porro o me he metido un tiro [raya de cocaína]? Sí. ¿Y quién no lo ha hecho?”

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Etiquetas: caricatos, cómicos, Cruz y Raya, Doña Croqueta, Dúo Sacapuntas, El Linterna, Félix el Gato, Fofito, humoristas, Jordi LP, Juan Muñoz, Los Payasos de la Tele, Manolo de Vega, Manolo Sarriá, payasos, Simón Cabido



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