56 años de construcción que acabarán en la basura

 

A Justo Gallego Martínez desde muy pronto le apodaron “el loco de la catedral”. Era la época en que nadie creía lo que pensaba hacer. Hoy, este hombre delgaducho, de 92 años y con aspecto de pintor excéntrico y aires de Jacques Cousteau, lleva 56 años construyendo su propia catedral en Mejorada del Campo, a unos 20 kilómetros de Madrid.

En este más de medio siglo, Justo ha erigido un mastodonte que ocupa casi 5.000 metros cuadrados repartidos en dos naves, una cúpula de 40 metros de altura, dos torres y una cripta.

Un proyecto vital que bien podría acabar demolido y repartido en contenedores de basura cuando su artífice ya no esté. Y es que la obra carece de licencia de ejecución, de planos o proyecto técnico alguno. En el departamento de visados del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid no hay constancia de registro del edificio, “ni siquiera de que se hayan presentado papeles preliminares”, matizan.

Justo comenzó a construir el 12 de octubre de 1961, en homenaje a la Virgen del Pilar, y ni siquiera él tenía claro que fuera a llegar tan lejos. “La verdad no esperaba construir tanto, no. He ido poco a poco, rebuscando cosas por ahí, y lo he conseguido”.

Se define a sí mismo como un labrador sin estudios que ha ido construyendo una catedral empujado por su fe y su imaginación. “Es muy fácil hombre, cuando hago una medida de 50 metros, por ejemplo, pues ya desde ahí calculo la proporción de la altura. No es tan difícil”.

Pero difícil o no, la realidad arquitectónica de la construcción es un misterio que se yergue a base de ladrillos desiguales, ruedas de neumático, latas de comida, bidones de plástico y cemento, mucho cemento. No hay una sola medida o cálculo sobre papel. Ni un registro de materiales utilizados. Nada. Todo se irá con Justo.

No hay arquitecto que lo avale

El sentir general es que la supervivencia de la catedral está ligada a lo que dure la vida de Justo. De no encontrar un arquitecto que se responsabilice de firmar que es un edificio seguro para el uso público, la construcción difícilmente podrá seguir en pie.

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– ¿Cree que le dará tiempo a terminar la catedral en vida?

– No, hombre, no. A mí no me va a dar tiempo. Aquí queda mucho por hacer.

– ¿Y qué cree que pasará con ella?

– Pues sinceramente no lo sé. Yo la dejo en manos de Ángel.

Ángel López es el fiel escudero y ayudante de Justo desde hace varios años, y quien debería mantener vivo su legado y finalizar la construcción. Pero tampoco él parece muy optimista: “Hace al menos 2 o 3 años que no hablamos con un arquitecto sobre la posibilidad de que nos firmen un proyecto. La verdad no sé lo que pasará en el futuro.”

“Ningún arquitecto va a firmar que ese edificio se mantenga de pie los próximos 50 años en base a las normativas vigentes”, explica Leandro Morillas, Doctor Arquitecto y profesor de Estructuras en la Universidad de Valladolid.

“Yo lo siento por Justo, porque creo que ha hecho un trabajo espectacular y tiene mucho mérito. Pero hay un problema enorme y es la incertidumbre de los materiales que ha utilizado. Ya a primera vista se ve que es una cosa compleja, casi imposible de peritar”.

La realidad arquitectónica de la construcción es un misterio. No hay planos ni proyecto. Todo se irá con Justo.

Por su parte, desde el ayuntamiento de Mejorada del Campo explican que “no pueden asegurar qué pasará con la catedral” y defienden que “las distintas corporaciones municipales han intentado más de una vez encontrar una solución, hablar con el Gobierno Central, el Ministerio de Cultura y hasta la Conferencia Episcopal. Pero nunca hemos recibido respuestas claras”.

Justo no está muy de acuerdo con el consistorio: “No nos han ayudado nunca, ni con subvenciones ni nada. Aunque no me importa, porque esto yo lo hago por un ideal cristiano, no para que me ayuden”.

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Donde sí ha buscado apoyo es en la Iglesia. Con la diócesis de Alcalá de Henares ha mantenido contactos para cederles la catedral cuando esté terminada. “Tres veces he renovado ya el testamento y al obispo le he dicho que se la cedo, que yo no quiero nada más. Yo trabajo de balde”.

Pero el obispado de Alcalá tampoco se moja con su caso. De hecho, la posición oficial parece ser la de guardar silencio. Sin proyecto arquitectónico en regla, el edificio no puede ser consagrado, ni utilizarse como espacio público.

Fe, fama y trabajo

Desde muy joven, Justo quiso ser monje. Con 27 años ingresó como novicio en el convento de Santa María de la Huerta, al norte de Soria, pero fue expulsado tras contraer tuberculosis. Años después, al recuperarse, volvió a Mejorada, su ciudad natal y decidió volcarse en su pasión religiosa.

Aprovechó un terreno de una herencia para comenzar los cimientos y fue avanzando en su empeño a base de vender otros terrenos familiares y de recibir donativos. En su pueblo natal, el apoyo al proyecto de Justo es generalizado. Incluso en 2014 se nombró un parque municipal en su honor gracias a una plataforma popular que le apoya.

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56 años después, el compromiso de Justo con su labor es inquebrantable. Trabaja de lunes a sábado, de seis de la mañana hasta que se pone el sol. “A la gente siempre le ha costado entenderlo. Por eso algunos me han llamado, loco, el loco de la catedral, pero a mí me da igual. A Cristo también le insultaron”.

A principios de año se mudó a una austera dependencia junto al altar de la nave principal. Allí duerme, come, se calienta con las llamas de una vieja estufa de hierro, y se esconde de los visitantes hasta que se marchan, momento que aprovecha para salir a trabajar un poco.

Y es que la obra no deja de atraer turistas y curiosos de todas partes del mundo. Un legado de la fama mundial que alcanzó en 2005 tras protagonizar un anuncio de Aquarius con el lema “el ser humano es imprevisible” y que también le abrió el camino para que su obra fuera expuesta un año más tarde en el MoMA de Nueva York.

Del anuncio recibió directamente 40.000 euros y según sus propias cuentas “unos 50 millones de pesetas en donativos”. Pero ni siquiera con ese dinero le ha dado para terminar la catedral en estos años.

Una pareja de argentinos se pasea y hace fotos mientras lanza miradas hacia la figura enjuta de un Justo que da lecciones de albañilería a Ángel. “Lo que ha hecho este hombre es increíble. Es una inspiración. Nosotros hemos venido a Madrid y teníamos claro que queríamos ver esta catedral y si podíamos, a Justo. Esperamos que puedan acabarla algún día”.

Muchos encuentran semejanzas entre Justo y Gaudí, tanto en lo estilístico como en el proyecto catedralicio inacabado. Pero Justo no quiere que le comparen con el genio catalán. “No me gusta Gaudí nada, esas formas tan raras, no, no, no. Yo me he basado en los castillos medievales españoles, en el románico. No tenemos nada que ver”.

Por la puerta entran otro par de turistas boquiabiertos ante la magnitud de la obra. Justo, al atisbarlos, sale corriendo a refugiarse al calor de su estufa vieja.

“Con más ayuda y dinero podría acabarla, sí. Pero ya no me importa. Yo lo que quiero es morirme aquí. Mi ilusión es que me entierren aquí”.

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